Por Alejandro J. Lomuto

La imposibilidad de afirmar sin lugar a dudas a quién o quiénes se debe su melodía, aun cuando ciertos testimonios e indicios parecen aportar certezas casi definitivas (ver las notas de Néstor Pinsón y Hugo Gambini en los dos primeros fascículos de esta colección), ubica a "Los muchachos peronistas" en un curioso pie de igualdad con otras cinco composiciones: el Himno Nacional Argentino, la canción militar más conocida (la "Marcha de San Lorenzo"), la marcha oficial del Presidente de la Nación ("Ituzaingó") y los dos tangos más célebres ("La Cumparsita" y "El Choclo"). Las seis vienen a integrar un conjunto al que -más por razones de antigüedad o simbología que por estrictos méritos musicales- podría definirse como el de las canciones más representativas de la Argentina, y todas ellas son fuentes de misterios, paradojas y anécdotas a menudo ignorados.
Del Himno Nacional Argentino que cantamos habitualmente, suponemos que fue aprobado el 11 de mayo de 1813 por la Asamblea General Constituyente (la Asamblea del Año XIII) y que sus autores son el abogado argentino Alejandro Vicente López y Planes (1784-1856) y el músico catalán Blas Parera (1777-1840). No es tan así. Lo que hizo el 11 de mayo la Asamblea fue aprobar la letra que el Segundo Triunvirato había requerido seis días antes a López, encargarle a Parera la melodía, asignarle la categoría de "única marcha nacional" y disponer la obligación de que se cantara "en todos los actos públicos".
Ansioso por imponerlo, el Triunvirato, sin esperar el trabajo de Parera, envió la letra a las provincias. En Salta, el gobernador Feliciano Antonio Chiclana pidió al fraile Mariano Sabater que le pusiera música y, con ésta, llegó a ordenar que se enseñara en las escuelas. Desde luego, esa melodía cayó inmediatamente en el olvido y es desde hace mucho tiempo inhallable.
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