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Vivencias de una congregación religiosa durante el conflicto entre la Iglesia y el Estado, en las vísperas de la Revolución Libertadora.

Contra Dios o contra Perón

Por Susana Taurozzi

Sin duda existió un tiempo en el cual el peronismo y la Iglesia Católica coincidieron ideológicamente en sostener ciertas premisas. Por nombrar sólo algunas, resaltaremos el principio de armonía social y la necesidad imperiosa de organizar a los obreros en torno de una doctrina de raigambre nacional. Sin embargo, esta coincidencia temporal comenzó a diluirse hacia 1950. Las causas de tal distanciamiento han sido profusamente estudiadas por historiadores de las más variadas tendencias. En su mayoría coinciden en un punto central: Iglesia y peronismo compitieron por el control de los mismos espacios sociales (la juventud, los obreros, la familia, la mujer). Esta competencia movió a la Iglesia a realizar un viraje que la llevó de la colaboración inicial al enfrentamiento directo. Fue entonces cuando los católicos comprendieron que la identidad religiosa podía amalgamar a la oposición. Celebraciones religiosas sirvieron de confluencia para la oposición política, en la que hasta se podía identificar a antiguos y anticlericales socialistas gritando "Cristo vence".

Típica manifestación de los últimos años de la segunda presidencia de Perón, cuando el conflicto con la Iglesia alcanzó su mayor grado de virulencia.

El enfrentamiento dejó profundas heridas en ambos contendientes. Para el peronismo significó la aceleración de la crisis política que culminaría en la Revolución Libertadora. La Iglesia, en cambio, aunque proclamaba con optimismo su victoria sobre el tirano, debió aceptar tardíamente el alejamiento de amplios sectores populares, que manifestaron un claro conflicto de lealtades a la hora de decidir el bando por el cual tomar partido. Sin duda, la percepción popular acertaba al esbozar frases como la siguiente: "En casa éramos todos peronistas, pero cuando Perón atacó a las iglesias, ahí sí que no sabíamos qué hacer...". La reconciliación entre Iglesia y peronismo se haría esperar. Sólo a partir de los cambios producidos en el interior de aquélla en el Concilio Vaticano II se observarían los primeros pasos para recuperar la perdida religiosidad popular.

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